Con la llegada de la Navidad, miles de comerciantes y trabajadores informales en México generan una parte fundamental de sus ingresos anuales. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2024, la economía informal alcanzó un 25.4% del Producto Interno Bruto (PIB) del país, mientras que el sector formal representa el 74.6%. Esta situación es reflejo de una realidad donde la informalidad laboral afecta al 55.4% de la población ocupada.
Un Auge en las Ventas Decembrinas
Las calles y mercados de la Ciudad de México se llenan de vida y color durante esta temporada. Sarahí Hernández, una comerciante del Mercado de Sonora, menciona que diciembre es el mejor mes, ya que los consumidores “vienen por docenas o más” gracias a los precios accesibles.
Wendy Cecilia Cuevas, una compradora frecuente, también respalda esta tendencia al confirmar que prefiere los tianguis y mercados populares: “aquí encuentro todo más barato”, indicó. Para muchos, elegir el comercio informal no solo se trata de encontrar mejores precios, sino de apoyar a los vendedores locales en medio de una situación económica difícil.
Informalidad, un Problema Estructural
La informalidad es un síntoma significativo de la economía mexicana, según indica el presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo (Concanaco Servytur), Octavio de la Torre. A pesar de que estos mercados son vitales, también plantean riesgos de piratería, contrabando y productos de calidad cuestionable. De la Torre destaca que ser formal en México es complicado debido a los altos costos y trámites que implica, lo que lleva a muchas personas a optar por la informalidad.
“Ser formal es muy caro y complicado”, afirma el líder del sector terciario, subrayando que se debe trabajar en las causas de la informalidad para ofrecer alternativas viables a quienes desean formalizar sus negocios.
Competencia para el Sector Formal
La derrama económica esperada durante las festividades de fin de año se estima en 608,000 millones de pesos entre el 16 de diciembre y el 1 de enero, según Concanaco. Este flujo beneficia a 4.8 millones de unidades económicas formales, impulsadas principalmente por el turismo, transporte y celebraciones familiares.
Por ejemplo, un estudio de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) indica que una familia puede gastar hasta 19,000 pesos en cenas y regalos. Mientras tanto, la firma Kantar prevé que el gasto promedio en regalos será de alrededor de 1,500 pesos.
Reflexiones Finales
En un país donde la economía informal es parte del día a día, las temporadas altas como la Navidad representan tanto un alivio como un reto. La informalidad, aunque necesaria para muchos, conlleva riesgos que afectan no solo a los comerciantes, sino también a los consumidores. Con medidas adecuadas, se podrían crear condiciones para que los negocios informales puedan formalizarse y contribuir de manera más efectiva a la economía del país.
La historia de Sarahí, Wendy y muchos otros comerciantes y consumidores es un recordatorio de que, detrás de cada compra, hay un esfuerzo humano y una necesidad de adaptación a un sistema que, a menudo, deja a muchos sin opciones. El apoyo a estos mercados no solo es una cuestión de economía local, sino también de reconstrucción de redes comunitarias en tiempos difíciles.