A medida que avanza el tiempo y la sociedad evoluciona, aún persiste una disparidad notoria en el ámbito laboral mexicano: las mujeres ganan, en promedio, significativamente menos que sus contrapartes masculinas. Los últimos datos indican que mientras los hombres obtienen un salario mensual de aproximadamente 11,490 pesos, las mujeres reciben solo 9,825 pesos. Este escenario plantea un desafío urgente y amplio que merece toda la atención.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha contribuido a desentrañar las complejidades de esta problemática a través del análisis de economistas que advierten que esta brecha salarial no solo es un número, sino un indicador de decisiones estructurales que castigan a las mujeres por factores como la maternidad, la edad y la modalidad laboral reducida.
De acuerdo con ONU Mujeres, la brecha salarial entre géneros se mantiene en un preocupante 15% en favor de los hombres, a pesar de que ambos sexos poseen niveles educativos similares. Este fenómeno no se limita al ámbito del empleo formal; también se manifiesta en la carga del trabajo no remunerado que recae desproporcionadamente sobre las mujeres. Un estudio de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2019 reveló que las mujeres dedican en promedio 42.8 horas semanales a labores no pagadas, comparadas con solo 16.9 horas dedicadas por los hombres. Este trabajo invisible representa el 26.3% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que equivale a 8.4 billones de pesos.
Este desequilibrio radica en estructuras más profundas. Las economistas destacan que la baja participación de las mujeres en empleos formales, la carga excesiva de trabajo doméstico y los empleos mal remunerados y a tiempo parcial son todos factores que contribuyen a esta inequidad. Además, los estereotipos de género perpetúan la asignación de roles que invisibilizan las labores de cuidado, recrudeciendo la desigualdad.
La investigación de la UNAM enfatiza que las jornadas laborales flexibles, en lugar de cerrar la brecha salarial, han ampliado esta desigualdad. Las mujeres son más propensas a trabajar en empleos con jornadas reducidas o en la informalidad, donde sus ingresos son considerablemente menores. El análisis de encuestas de empleo señala que aquellas que laboran menos de 15 horas semanales ven una reducción del 26.2% en su ingreso, y aquellas con horarios irregulares pueden llegar a experimentar una disminución de hasta el 45.7%.
A medida que las mujeres envejecen, la situación se torna más crítica. A los 39 años, su empleabilidad tiende a aumentar, pero a partir de esta edad, se vuelve más difícil encontrar un empleo, en contraste con sus homólogos masculinos que mantienen tasas elevadas de empleabilidad hasta la jubilación. Esta dinámica implica que las mujeres casadas o con hijos se enfrentan a más obstáculos, evidenciando una penalización por edad y estado civil.
El marco legal mexicano establece que el principio de “a trabajo igual, salario igual” debe ser aplicado. Sin embargo, en la práctica, la discrepancia salarial es evidente y se traduce en una carga significativa para las mujeres que buscan alcanzar niveles comparables de ingresos. Según el Instituto Mexicano para la Competitividad, las mujeres deberían trabajar 61 días adicionales al año para igualar los salarios de los hombres.
Las economistas coinciden en que la superación de esta brecha salarial debe partir del reconocimiento del trabajo no remunerado y su redistribución equitativa. Esto incluye la implementación de políticas públicas que atiendan las realidades diversas de las mujeres, así como la necesidad de educar a empleadores sobre la equidad salarial y la importancia de eliminar estereotipos de género.
El camino hacia la igualdad de ingresos implica una transformación profunda en las normas laborales y sociales. Desde mejorar el acceso de las mujeres a la educación, pasando por ofrecer ayudas económicas para su formación profesional, hasta promover una distribución equitativa de las responsabilidades del hogar. Sin cambios significativos en el sistema que perpetúa esta brecha salarial, la visión de una sociedad más equitativa para las mujeres en México permanecerá como un desafío aún por alcanzar.